El director de la Casa del Migrante exhortó a las familias a educar con valores y advirtió que el silencio también es una forma de complicidad
Ante el incremento de secuestros y agresiones contra personas migrantes en Ciudad Juárez, el sacerdote Francisco Javier Bueno Guillén, director de la Casa del Migrante, lanzó un enérgico llamado a quienes participan en actividades delictivas para que se arrepientan y abandonen el camino de la violencia, al tiempo que pidió a las familias fortalecer la educación basada en el respeto y el amor al prójimo.
Durante un mensaje difundido en video, el religioso expresó su preocupación por el aumento de delitos como el secuestro y la extorsión, principalmente en contra de personas en contexto de movilidad, y lamentó que la violencia continúe creciendo en la región.
“Desde la Casa del Migrante alzamos la voz con dolor, pero también con esperanza. No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas. Detrás de cada cifra hay una vida, una historia, una familia”, expresó.
De acuerdo con cifras de la Fiscalía Especializada en Operaciones Estratégicas, de enero a noviembre se atendieron 135 casos de secuestro en Ciudad Juárez, de los cuales 94 correspondieron a personas migrantes. El resto fueron habitantes de la localidad. Por su parte, corporaciones estatales y municipales han participado en operativos para la liberación de víctimas privadas de la libertad.
El sacerdote subrayó que la indiferencia social agrava el problema y recordó que guardar silencio ante la injusticia también implica responsabilidad. “Cuando dejamos de mirar el dolor ajeno, nos volvemos cómplices. Esa pregunta que Dios hizo a Caín, ‘¿dónde está tu hermano?’, sigue vigente hoy”, señaló.
Asimismo, retomó un mensaje del papa León al afirmar que la violencia jamás podrá ser el camino correcto y que solo la paz puede considerarse sagrada. En ese sentido, llamó a erradicar la cultura de la muerte mediante la solidaridad y el respeto a la vida.
Dirigiéndose a las familias, exhortó a educar a las nuevas generaciones con valores, empatía y responsabilidad social. “El prójimo no es un enemigo, es un hermano. Solo así podremos romper el círculo de odio que tanto daño ha causado”, afirmó.
Finalmente, el director de la Casa del Migrante envió un mensaje directo a quienes se dedican al crimen, asegurando que aún están a tiempo de cambiar. “Dios siempre espera al que se arrepiente, pero la justicia llegará. La vida humana tiene un valor incalculable”, expresó.
También dirigió palabras de aliento a las personas migrantes, asegurándoles que no están solas y que continuarán alzando la voz por ellas. Concluyó su mensaje pidiendo que este tiempo sirva para la reflexión y el compromiso con una paz verdadera, basada en la justicia, la compasión y el respeto a la dignidad humana.